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Ética en un mundo en crisis

Muchas veces recibimos llamadas telefónicas o mails de posibles clientes interesados en algún servicio que NO necesitan. Esto se puede deber a las siguientes variables:

  1. Desconocimiento de la legislación. Creen, equivocadamente, que deben auditarse, o porque se lo ha dicho su gestor, o porque lo ha leído en algún curso de prevención que han realizado (sobre todo cursos online).
  2. Empresas con un desarrollo de la cultura preventiva muy avanzado, y que no evitan mayores “costes no obligatorios” con el fin de mejorar de forma continua.
  3. Compañías que están demasiado preocupadas por lo que pueda pasar: Son compañías que solicitan auditar todos los centros de trabajo de la organización, no desean realizar un muestreo (práctica habitual en la auditoría), se encuentran más seguros de esta forma.
  4. Mitificación de las soluciones: Clientes que creen que existe una varita mágica para la solución de sus problemas. Por ejemplo, una compañía que acaba de pasar por un ERE de extinción de empleo, que acaba de despedir a 400 trabajadores tras semanas de conflictividad y que en la planificación formativa del año siguiente incluye temas de motivación, liderazgo, mejora continua, etc.

 

Ante estas situaciones creemos que la postura adecuada de un consultor serio es:

postura

  • No “vender” lo que el cliente no necesita de forma obligatoria sin decírselo antes. Aclarar las dudas de la persona que nos pide información. Si aún así, el cliente desea el servicio, evidentemente se lo ofreceremos, pero no sin haber aclarado la situación antes.
  • Esta “aclaración” no puede ser un servicio de consultoría gratuita. Si no tiene obligación de auditarse, por ejemplo, le diremos que mire la ley y verá que no existe tal obligación. Si quiere una respuesta más concreta, que se ponga en contacto con la autoridad laboral o el INSHT, INVASSAT, OSALAN, etc. Una cosa es dar información y otra “escribir un informe”.
  • Resistir la tentación: Es cierto que una empresa de 10 trabajadores, por ejemplo, si quiere, puede auditarse reglamentariamente. Puede existir la tentación de pasar presupuesto sin más. Pero lo ético es comentarle que hasta 50 no tiene obligación.
  • No decir que SI a todo. Si estamos posicionados en prevención de riesgos laborales, y aunque conozcamos la ISO 9001 o la ISO 14001, si no somos expertos, no digamos que si ante una demanda del cliente, con la ilusoria idea de que ya aprenderemos si nos contratan.
  • Y por supuesto, antes que nada, no vender cosas que legalmente no se pueden vender. Siendo auditores, no se puede vender evaluaciones de riesgos, coordinación de actividades, etc etc. Sólo hay que ver las web de muchas auditoras y certificadoras para darse cuenta que ofrecen estos servicios de forma “ilegal”.
  • Decir toda la verdad al cliente. Hemos visto casos de clientes que se han certificado en OHSAS 18001:2007 para poder optar a la reducción por contingencias profesionales porque han contribuido especialmente a la disminución y prevención de la siniestralidad laboral (Orden TIN/1448/2010, de 2 de junio, por la que se desarrolla el Real Decreto 404/2010, de 31 de marzo), y luego ha resultado que la certificadora no estaba reconocida por ENAC.
  • Si contrata AUDITORIA REGLAMENTARIA, recordar que está prohibido subcontratar esta actividad con otros profesionales. No deje que le engañen y pregunte en qué empresa trabaja el auditor (incluso, ante cualquier duda, pedir el contrato de trabajo). Ver hipervínculo.
  • Y por último, si al final mandamos presupuesto, que éste se ajuste a la realidad del servicio a prestar. Por ejemplo, no “vender” horas consultor senior o auditor jefe y luego que el servicio lo preste un recién licenciado sin experiencia.

En definitiva, comportarse éticamente es la mejor manera de prestar servicios de consultoría o auditoría. Es cierto que con la crisis muchas organizaciones están tentadas a saltarse estos sencillos principios. Cada cual haga lo que crea conveniente.

Saludos
Francisco Ortiz Nasarre

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